Luna de miel (I): 10 días en Sudáfrica

TOP 5 LO PEOR
1. Umvangati House y Blyde River Canyon 1. Las colas del teleférico de Table Mountain
2. La experiencia con el tiburón blanco (sueño de Enrique) 2. La sensación de estar encerrado dentro del parque Kruger en la furgoneta
3. Las vistas desde Lion’s Head y el ambiente de Ciudad del Cabo 3. Alfred & Victoria waterfront (no nos gustó mucho…)
4. La casa de airbnb en el Kruger
5. Cabo de Buena Esperanza

 

 

Día 1: llegada a alojamiento en Bo-Kaap y cena en Bocca (recomendado por airbnb host).

Día 2: desayuno en Bacon on Bree (también recomendado por un host de airbnb). El café y el bacon muy bueno. Sobre las 10 vamos a Table Mountain, donde encontramos muchísima cola para subir al teleférico. Decidimos ir andando por una ruta que empieza a 2 km de la entrada del teleférico. Conocemos a Chris, un alemán q nos dice que esta es la ruta más rápida, pero no la más bonita. A medio camino Chris nos abandona y decidimos cambiar nuestra ruta. No llegamos a la cima de Table Mountain pero estamos una horita larga más andando.

 

Decidimos ir a Lion’s head. Es mucho más de lo que nos pensábamos andando, pero vale la pena. Acabamos muy cansados.

Vamos a comer a Alfred & Victoria waterfront. Muy guiri, nada especial. Luego decidimos coger el coche y emprender camino hacia Cabo Buena Esperanza. Encontramos muchísimo tráfico y cuando llegamos a las 18.30 ya está cerrado. Pero cerca está Boulders Beach, que también queríamos ver, donde hay muchos pingüinos.

Por la noche cenamos en Shio restaurant, un japonés recomendado por nuestros hosts de airbnb. Buenísimo y abre hasta las 10.

Día 3: desayunamos en Art Cafe. Conducimos por la carretera Boyes drive, que nos habían recomendado también nuestros hosts de airbnb, desde donde se ven ballenas e incluso nos comentan que tiburones. Hace muy mal tiempo y tenemos mala visibilidad, pero vemos una ballena asomarse. Comemos en Saveur, en Simon’s Town, un pueblecito que nos encanta. Este día encontramos un sitio al lado de la playa de los pingüinos que nos ofrecen ver tiburones blancos pero en Moussel Bay (a 4h 30min). Decidimos cogerlos. Nos compramos chaquetas para la travesía del día siguiente (casi lo más caro del viaje).

Por la tarde nos vamos al Cabo de Buena Esperanza, que es precioso. El día se despeja y lo podemos ver bien. Vemos el faro y otro puntos con vistas. Vale mucho la pena. En un par de horas lo vemos. Nos alojamos en un airbnb en Simon’s Town, en la habitación de una pareja mayor. Tienes buenas vistas y los dueños encantadores. Cenamos en un pub local del pueblo (nada destacable, un sandwich) y nos vamos a dormir pronto.

Día 4: nos levantamos muy pronto, ya que la aventura lo requería. Cogemos el coche y empezamos el camino. Las vistas de la ruta fueron espectaculares, tanto el camino de la costa como el interior, el cual es parte de la denominada  Garden Route. Tras cinco horas de trayecto llegamos a nuestro destino. Y por qué no decirlo: estábamos un poco nerviosos, ya que que nos esperaba en las aguas del Índico el great white shark. Llegamos a la oficina que contrata estos servicios y por suerte o por desgracia, coincidimos con el grupo anterior, por lo que vemos el vídeo que les han grabado.

 

Nos metimos en el barco en busca del gran blanco. Enfrente de un islote lleno de focas fondeamos hasta que finalmente los encontramos. Enrique fue el primero en meterse en la jaula; todo un acierto, ya que tenía la mejor perspectiva al estar al lado del cebo. Claudia no se metió pero no fue por falta de ganas, el resfriado no se lo permitió. Tras esta gran experiencia y con el sueño cumplido, volvimos a Cape Town para el descanso del guerrero en uno de nuestros Airbnb.

Día 5: nos levantamos pronto para coger el avión a Hoedspruit, uno de los aeropuertos del Parque Kruger. Fue un día un poco aparatoso, ya que el airbnb que cogimos era una pasada, pero estaba lejos, incluyendo un camino bastante complicado (para ellos alquilamos un coche 2×4).  Por el camino nos encontramos a una jirafa. Aunque en teoría a las 15.00h teníamos un safari, decidimos ir al súper a por comida y de paso comer algo en el Sleepers (muy recomendable). Pasamos el resto de la tarde en nuestra casa de airbnb, todo un lujo.

Día 6: la empresa de safaris nos recoge a las 5:00h. A Claudia le decepciona mucho el safari, ya que el de Serengeti  (Tanzania) había sido mucho mejor. A Enrique tampoco le parece mucho mejor. Sin embargo nos comentan que depende de la zona tienes unas vistas u otros. Nosotros habíamos entrado por Phalaborwa, aunque también es cierto que solo hicimos un día de safari. Vemos hienas, búfalos, hipopótamos, elefantes, monos… pero nada de leones ni guepardos.

 

Más de 10 horas en una furgoneta cubierta casi sin poder bajar. Nos paramos para un brunch – comida, pero eso es todo. Una cosa positiva es que hacía frío (tuvimos mala suerte) por lo que íbamos bien ir cubiertos. Nos faltó por ver el león. Picamos unos quesos con vino en el supermercado que habíamos comprado en el supermercado de Hoedspruit y allí se acabó el día.

Día 7: desayunamos delante del río en una parte espectacular de la casa. Desafortunadamente aún hacía frío y no se acercaron muchos animales. Cambiamos la rueda del coche de alquiler que se había petado con el abrupto camino (con la ayuda de uno de los chicos de servicio que tenía la casa) y nos pusimos rumbo al Blyde River Canyon (ya tuvimos suficiente safari).

Nos paramos en el Anne’s Cottage Cafe a comer algo (muy recomendable) y nos dirigimos a uno de nuestros parajes favoritos: Umvangati House. Espectacular. Después de tomar algo y dejar nuestras cosas nos dirigimos a la parte baja del Blyde River Canyon, que nos encanta y no hay nadie excepto un grupo de locales haciendo una BBQ antes de bajar.

Cenamos en Umvangati house, que nos sorprende con una bodega secreta y una cena muy buena (solo somos 5 parejas) hecha por la dueña y una cocinera.

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Día 8: nos levantamos y degustamos el delicioso desayuno que nos prepara nuestro anfitrión (de 8 a 9 lo servían) con las espectaculares vistas. Emprendemos la ruta hacia Panorama route (última parada en Graskop, aunque la podéis alargar). Como Enrique tiene hora para masaje por la tarde, solo nos da tiempo a ver algunos puntos: God’s window y rainy forest; Lisbon falls y Three Rondavels. Sin duda el más impresionante es el tercero. Por la zona también hay las Echo Caves y otros miradores, pero no nos dio tiempo a ver mñas.

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El pueblo de Graskop, donde comimos, era muy turístico y con ningún encanto. Acabamos comiendo en un sitio de pancakes que no nos acabó. Por la tarde disfrutamos de la puesta de sol en Umvangati. Espectacular. Solo por eso valía la pena alojarse allí, aunque la deliciosa cena casera con menú cerrado preparada por la dueña y otra cocinera, la bodega de vinos escondida y la amabilidad del dueño y el cuidado de los detalles, también son buenas razones para alojarse en este hotel familiar con solo 5 habitaciones.

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Día 9: con pena dejamos el Umvangati después de disfrutar por última vez de su piscina y sus vistas. Hacemos parada otra vez en el Anne’s Cottage Cafe, otro sitio que nos gustó mucho, antes de ir al aeropuerto de Hoedspruit para coger el avión a Johannesburg. El aeropuerto es tan pequeño que en seguida tienes la maletas facturadas. Casi no caben todos los pasajeros dentro del aeropuerto. Llegamos a Johannesburgo y, como nos habían aconsejado, nos alojamos en un airbnb en Rosebank, zona residencial de gente acomodada. El alojamiento, una especie de loft dentro de una casa, tiene su encanto. Aunque sin duda lo mejor son las anfitrionas, dos abuelas que cuidaban de sus nietos mientras sus padres estaban fuera de viaje muy encantadoras. Estamos cansados y decidimos quedarnos en la casa y pedir comida a domicilio. La dueña nos había recomendado https://www.mrdfood.com.

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Día 10: Nos despertamos en la casa de Airbnb. Las dos abuelitas encantadoras nos roban el corazón. El único “pero” es que la casa tenía unos ventanales enormes sin cortinas que no dejaban espacio a la intimidad. Cogimos Uber (el Uber va muy bien en Johannesburgo) que nos llevó al aeropuerto de Johannesburgo. Cogimos el vuelo a nuestro próximo destino en Vilankulos (Mozambique). Nos vino a buscar Nelio en su tuctuc. Es un autóctono de la zona que nos llevo a nuestro primer alojamiento, aunque no el último, ya que tras indagar un poco y tras decidir que al ser nuestra luna de miel nos mereceríamos un poco más de lujo ,nos trasladamos a Bahia Mar que era una pasada de hotel en el que estuvimos muy a gusto y desde el cuál se veía nuestro próximo destino, la isla de Bazaruto.

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